Editorial
La Prensa Parcial,
el Registrador Cómplice
y el Cheque en Blanco Electoral


Hay una pregunta que los grandes medios colombianos nunca quieren que usted se haga. No es sobre economía, ni sobre seguridad, ni sobre salud pública. Es una pregunta anterior a todas esas: ¿quién decide lo que usted sabe? Porque si no sabe quién controla la información que recibe, tampoco puede saber si esa información es verdadera — o si es una narrativa diseñada para que vote por alguien específico.
Ese es el punto de partida del más reciente programa de El Cuadrante Alfa, emitido en vivo el viernes 20 de febrero. Un programa que desmonta, con nombres propios y documentos en pantalla, el oligopolio mediático colombiano — y que termina con una advertencia urgente sobre lo que puede ocurrir el 8 de marzo si los jurados de votación obedecen sin cuestionar la instrucción del Registrador Nacional de dejar casillas vacías en los formularios E-14.
La prensa colombiana no es libre. Es de ellos.
Para entender por qué la prensa colombiana cubre las campañas como las cubre, hay que empezar por el principio: saber a quién le pertenece cada micrófono, cada titular, cada franja de opinión.
| Medio | Propietario real | Su otro negocio |
|---|---|---|
| El Tiempo | Grupo Aval — Sarmiento Angulo | Banca — Banco de Bogotá, Occidente, AV Villas |
| Blu Radio · El Espectador · Caracol Noticias | Grupo Santo Domingo | Bavaria, aerolíneas, inmobiliario |
| RCN · La FM | Grupo Ardila Lülle | Postobón, industria textil, telecomunicaciones |
| Revista Semana | Familia Gilinski | Nutresa, banca, alimentos |
| Caracol Radio · W Radio | Grupo Prisa (España) | Medios, educación, entretenimiento |
Esta no es una lista de curiosidades. Es la razón por la que ciertos candidatos existen en los noticieros y otros no existen. Es la razón por la que ciertas denuncias se amplifican y otras se entierran. Los dueños de los medios son los mismos que se benefician o pierden según quién gobierne. No hay imparcialidad posible cuando el que paga la nómina del periodista es también el que necesita que cierta política económica se apruebe.
«En Colombia, los grandes medios de comunicación no le pertenecen a los periodistas. Le pertenecen a los banqueros, a los industriales, a los grupos económicos que también son dueños de las empresas que se benefician del Estado.»
— Andrés Balaguera, El Cuadrante Alfa · 20 de febrero de 2026
Quién aparece y quién no existe: el control del relato electoral
El sesgo no solo se ejerce con mentiras. La forma más efectiva de manipular una elección no es publicar falsedades — es decidir quién tiene tiempo en pantalla y quién no. En la cobertura pre-electoral de cara al 8 de marzo, ese patrón es claro: algunos candidatos aparecen en todos los espacios, con tiempo generoso y preguntas amables. Otros, sencillamente, no existen para esos medios.
Pero hay algo más. No basta con saber que el Grupo Ardila es dueño de RCN. Hay que saber también quién habla desde esos micrófonos. Juan Lozano, exministro del gobierno Uribe y excongresista del Partido de la U, hoy dirige La FM. Néstor Morales, cuñado del expresidente Iván Duque, dirige Blu Radio. María Consuelo Araújo, exministra de Relaciones Exteriores de Uribe, aparece como panelista para juzgar al gobierno actual. Héctor Riveros, demandante del decreto de salario mínimo, es analista habitual de Blu Radio.
Y el diario El Tiempo, propiedad del Grupo Aval — cuyos bancos son los principales financiadores de campañas electorales — tiene como columnista estrella a Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical. Eso no es pluralismo. Es un consejo de administración disfrazado de redacción.
La Constitución colombiana garantiza «el derecho a recibir información veraz e imparcial» y establece que los medios de comunicación «tienen responsabilidad social.» Esa responsabilidad social — que exige imparcialidad y veracidad — es exactamente lo que el oligopolio mediático colombiano viola de manera sistemática y sin consecuencias.
La FLIP (Fundación para la Libertad de Prensa), que debería vigilar todo esto, es cofundada por Pachito Santos y financiada por el Grupo El Tiempo y por USAID. Cuando el gobierno Trump recortó los fondos de USAID hace un año, la FLIP perdió visibilidad. El watchdog que cuida la prensa también es de ellos.
Los bancos financian las campañas. Los bancos son dueños de la prensa. Nadie investiga.
Hay una investigación que ningún medio hegemónico colombiano hace — y que nadie se pregunta por qué no se hace. ¿Quién financia las campañas políticas en Colombia? La respuesta incómoda es la misma que ya conocemos: los bancos. Los mismos que son propietarios de los medios de comunicación.
En la Costa Caribe la compra de votos es un hecho documentado elección tras elección. Las vallas del Partido Conservador, del Partido Liberal y de Cambio Radical cubren las carreteras del país. Las del Pacto Histórico, prácticamente no existen. Esa inequidad en el acceso al crédito para campañas no es un accidente — es parte del mismo sistema que controla quién informa y quién es invisible.
Tampoco hay investigación sobre los dineros no muy limpios que entran a algunas campañas. Ese silencio no es casual: es estructural. El periodismo de veeduría solo se ejerce sobre quienes no pagan la pauta.
«Ellos solo quieren que les consuman lo que ellos pongan, le crean todo, y que voten por los que ellos digan. ¿Usted es dueño de su opinión, o se la compraron esta mañana al encender la radio?»
— Andrés Balaguera · min. 16:17
El formulario E-14 con casillas vacías
es un cheque en blanco firmado
Imagine que usted va al banco, firma un cheque, y donde dice «Páguese a la orden de» y «La suma de» deja los espacios en blanco. Lo firma. Lo entrega. ¿Qué puede pasar? Que quien lo reciba llene esos espacios con cualquier nombre y cualquier cifra. Su firma ya está. La cantidad la decide otro.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando un jurado de votación firma el formulario E-14 con casillas vacías.
Pacto Histórico
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El Registrador Nacional instruyó a los jurados dejar esos espacios vacíos. La historia documenta que eso ya pasó antes — y que las consecuencias fueron reales. En 2018, los «guiones» que la Registraduría instruyó poner en las casillas vacías fueron convertidos en números. Un guión se volvía un «1», un «4», un «3». Los votos se sumaban donde no los había. Los votos desaparecían donde sí existían.
La Misión de Observación Electoral (MOE) lo confirmó: anomalías en 363 de 13.135 formularios E-14 revisados en 2018. En 2022, la misma MOE confirmó «errores y hasta casos de manipulación de resultados.» El Consejo de Estado declaró nulas curules del Centro Democrático y del Partido Liberal — y se las entregó al Partido MIRA — porque el software de escrutinio fue manipulado.
Esto no es teoría conspirativa. Es jurisprudencia colombiana. Es fallo del Consejo de Estado. Y la Registraduría nunca implementó los correctivos ordenados.
Los jurados son el primer muro de contención. Y tienen más poder del que creen.
Si usted es jurado de votación el 8 de marzo, lo que sigue es lo más importante que puede leer antes de ese día.
Los jurados de votación son servidores públicos transitorios. Eso significa que ejercen una función pública — pero también que, en mayoría dentro de su mesa, tienen discrecionalidad para decidir cómo van a proceder en el diligenciamiento del formulario E-14. No existe ninguna ley que les prohíba expresamente llenar con una X o un asterisco las casillas que queden en cero.
Si el Registrador o un delegado aparece a presionarles, a decirles que les va a mandar la Policía o la Procuraduría si llenan esas casillas — recuerde: ese formulario lo firma usted. Esa firma estará en los registros por los próximos años. Si más adelante se encuentran irregularidades, es su firma la que responde. Haga bien su trabajo. Tómese el tiempo que necesite. No entregue un cheque en blanco.
Si no es jurado, sea testigo electoral. Inscríbase con cualquier partido o candidato que le permita acceder a una mesa. La presencia de testigos electorales en 2022 evitó que le robaran al menos cuatro o cinco curules al Pacto Histórico. Sin testigos, ese fraude habría pasado desapercibido.
La vigilancia ciudadana en las mesas es el único contrapeso real que existe frente a un sistema que, documentadamente, ha fallado.
Lo que este programa defiende y por qué
El Cuadrante Alfa no pretende neutralidad. La neutralidad fingida es, en sí misma, una forma de tomar partido — porque equipara lo documentado con lo no documentado, la denuncia con la negación, el hecho con la especulación.
Lo que este programa defiende es verificable: la estructura de propiedad de los medios colombianos es pública. Los fallos del Consejo de Estado son documentos judiciales. Las anomalías reportadas por la MOE están en su propio sitio web. No es ideología. Es registro.
El ciudadano colombiano que entra a una cabina de votación el 8 de marzo tiene derecho a dos cosas: a que su voto cuente exactamente como lo marcó, y a que la información que recibió antes de marcarlo haya sido honesta. Ninguna de esas dos cosas está garantizada hoy. Pero ambas dependen, en parte, de que la ciudadanía sepa lo que está pasando.
Para eso existe El Cuadrante Alfa. Para eso existe este programa.




