Cuando la diplomacia venció al ruido político
Durante meses, una parte del debate político colombiano se alimentó de una expectativa: que el regreso de Donald Trump al escenario internacional significaría un choque directo con el gobierno de Gustavo Petro.
Esa narrativa prometía conflicto, aislamiento y presión externa.
Nada de eso ocurrió.
Este episodio del Cuadrante Alfa parte de una constatación simple, pero incómoda para muchos sectores: la política exterior no se mueve por emociones ideológicas, sino por intereses concretos. Y en ese terreno, tanto Petro como Trump optaron por el pragmatismo.
La relación entre ambos gobiernos no estuvo marcada por afinidades personales ni por discursos compartidos. Estuvo marcada por la necesidad mutua de estabilidad, cooperación mínima y manejo responsable de temas sensibles como migración, comercio y seguridad regional.
Mientras tanto, buena parte de la oposición construyó su estrategia sobre un supuesto: que Estados Unidos actuaría como factor desestabilizador del gobierno colombiano. Apostó a un escenario externo en lugar de fortalecer una agenda propia.
El resultado fue un error de cálculo.
Cuando ese conflicto no se materializó, quedó al descubierto una debilidad estructural: no se puede hacer política interna esperando que otro país resuelva las disputas locales.
El programa también analiza el papel de los medios y las redes sociales en este proceso. Durante semanas se amplificaron escenarios hipotéticos, se exageraron tensiones inexistentes y se alimentó una percepción de crisis que nunca se tradujo en hechos reales.
Muchas veces, la política contemporánea funciona así: primero se construye el relato, luego se espera que la realidad lo confirme.
Pero esta vez no ocurrió.
La diplomacia avanzó por canales discretos, técnicos y constantes. No hubo rupturas, no hubo sanciones, no hubo enfrentamientos públicos. Hubo negociación, prudencia y cálculo estratégico.
Eso no significa que el gobierno esté exento de críticas. Significa que, en materia internacional, logró evitar el aislamiento y mantener espacios de diálogo. Y eso, en un contexto regional complejo, no es menor.
Para la oposición, en cambio, este episodio deja una lección difícil: sin proyecto propio, sin propuestas claras y sin lectura realista del contexto internacional, cualquier estrategia basada en factores externos termina debilitándose.
Este programa no celebra gobiernos ni condena ideologías. Hace algo más útil: muestra cómo funciona realmente el poder cuando se apagan las cámaras y se dejan a un lado los discursos para consumo interno.
No ganó Petro.
No perdió Trump.
Ganó la diplomacia.
Y perdió la política basada en expectativas irreales.
