El Tigre y las Abejas
Abelardo de la Espriella todavía no se posesiona y la derecha ya está en guerra. Guerra interna, y viene de tiempo atrás. De un lado, el presidente electo, que quiere a su amigo Alfredo Deluque presidiendo el Senado. Del otro, Álvaro Uribe, que quiere a su propia ficha, Honorio Henríquez, y lanzó una frase para la historia: «Si el tigre ruge para acabarnos, nos toca volvernos abejas y defendernos». El tigre contra las abejas. Y detrás del pulso, la verdadera pregunta: ¿quién va a gobernar de verdad?
Abelardo de la Espriella todavía no se posesiona y la derecha ya está en guerra. Guerra interna, y una que viene de tiempo atrás —lo hemos advertido aquí en este espacio—. De un lado, el presidente electo. Del otro, Álvaro Uribe. ¿El motivo? Quién llega a presidir el Congreso de la República. De la Espriella quiere que el presidente del Senado sea Alfredo Deluque, un senador de La U que —según le reprochan— le votó buena parte de las reformas a Petro. Uribe, en cambio, quiere a su propia ficha, Honorio Henríquez, del Centro Democrático, y lanzó una frase que ya quedó para la historia: «Si el tigre ruge para acabarnos, nos toca volvernos abejas y defendernos».
El tigre contra las abejas: la derecha mordiéndose entre sí antes siquiera de gobernar. Y digámoslo directo: Uribe quiere que sea un senador suyo el que posesione a De la Espriella, como mensaje político de quién manda. Pero esto que sucede ya lo veníamos advirtiendo. El 22 de mayo de este año, en un programa que llamamos «La Derecha Sin Uribe», dijimos que el expresidente había perdido el control de su propio sector. Aquí se está confirmando todo. Y ahora la pregunta es más honda: ¿quién gobernará realmente? ¿Abelardo, la figura carismática que ganó la elección, o los ideólogos ultraconservadores que lo usaron como empaque cosmético para llegar al poder?
I · EL PULSO
Deluque contra Henríquez: la pelea por presidir el Senado
El detonante es concreto y el contexto noticioso lo confirma. 03:05 El presidente electo apoya de forma decidida a Alfredo Deluque —senador guajiro de La U que estuvo metido en la campaña del Tigre— para presidir el Senado. Uribe se opone y reclama que, como el Centro Democrático es la bancada más grande de la coalición entrante, esa dignidad le corresponde a su candidato, Honorio Henríquez. Uribe cuestiona a Deluque recordando que votó reformas de Petro —incluida la Paz Total— y que «recibió beneficios» del gobierno saliente.
La ironía es doble y el programa la subraya: De la Espriella, que durante toda la campaña rechazó abierta y ruidosamente el respaldo de la clase política tradicional, hace con Deluque justamente la excepción. Y Uribe, que se pasó el gobierno Petro combatiendo cada reforma, ahora usa el haber votado esas reformas como argumento para vetar al candidato del propio presidente que él dice haber «puesto».
La aritmética del 20 de julio · según el programaDeluque (Abelardo): llevaría unos 58 votos —Conservador, La U, Cambio Radical, Salvación Nacional, Alianza Verde (10), indígenas (2)—, con Liberalismo, Dignidad y otros en duda.
Henríquez (Uribe): la ficha del Centro Democrático.
La llave del desempate: los ~26 votos del Pacto Histórico —25 curules más la del opositor de Cepeda—. Uribe insinuó que el Pacto podría aliarse con el uribismo contra Deluque.
Ese último punto es el más jugoso. 15:55 Que la definición del presidente del Senado dependa, en parte, de hacia dónde voten las curules del Pacto Histórico convierte a la oposición en árbitro de una pelea de la derecha. Y ahí, advierte el programa, empieza a moverse un juego de favores que conviene mirar de cerca.
II · FAVOR CON FAVOR
El intercambio silencioso entre Uribe y el petrismo
El programa «junta cabos». 17:35 La semana pasada Uribe pidió al Ministerio de Defensa el traslado de su hermano —condenado por el caso de los «doce apóstoles»— de una cárcel a una guarnición militar. El ministro consultó a Petro; Petro dijo que sí. Uribe lo publicó en X, y Petro respondió: «en mi gobierno nunca se persiguió a la oposición, esperaría lo mismo del gobierno entrante». Un favor. Y favor con favor se paga.
La lectura del Cuadrante Alfa: ahora Uribe le estaría pidiendo al Pacto Histórico que vote por su candidato a la presidencia del Senado, a cambio de garantizar que no se perseguirá a la oposición cuando la izquierda quede en minoría. El contexto noticioso respalda la jugada: Uribe declaró que si el Pacto decide autónomamente votar por Henríquez, el Centro Democrático seguiría siendo partido de gobierno, y aseguró que su candidato daría «garantías para todos los sectores, incluido el Pacto».
⚠ Lo que hay detrás del juego de favoresNo conviene leerlo con ingenuidad de ningún lado. Uribe también enfrenta procesos judiciales y sabe que un cambio de gobierno redefine el mapa de la persecución política. Que el garante del «no nos persigamos» sea justamente quien más batalló contra las reformas dice mucho de cómo funciona el poder real en Colombia: por debajo de la mesa, con intercambios que rara vez se confiesan en público. El programa lo pone sobre la mesa sin certezas absolutas, pero con las piezas visibles.
III · ¿QUIÉN GOBIERNA?
El tigre como empaque: quiénes mueven los hilos
Aquí está la tesis central del programa, y es la más incómoda para el relato oficial. 09:05 Para el Cuadrante Alfa, Abelardo no es autónomo: es el «empaque cosmético». Quien estaría detrás de toda la campaña ultraconservadora y ultrarreligiosa sería Enrique Gómez —nieto de Laureano Gómez, de Salvación Nacional—, los nostálgicos de la Constitución de 1886. El programa lo sostiene señalando la composición del entramado de poder que se estaría armando alrededor del presidente electo.
El organigrama que describe el programaEnrique Gómez (Salvación Nacional): el ideólogo, el que —según el análisis— controla el proyecto de fondo.
Su hijo: sería jefe de despacho de De la Espriella.
Su hermano: figuraría como ministro de Hacienda.
El vicepresidente Restrepo: el «ejecutor» del gobierno.
Alonso Lucio: otra de las figuras que el programa ubica en el núcleo estratégico.
Si el organigrama es correcto, la conclusión política es fuerte: un movimiento que ni siquiera ganó con el 50% de los votos —se impuso por minorías— llegaría a imponer, desde adentro, un proyecto de Estado confesional y ultraconservador cuya cara visible es el carisma del tigre, pero cuyo cerebro estaría en otra parte. 13:05 El propio Andrés lo enmarca con prudencia: son piezas que el programa conecta a partir de nombramientos y parentescos ya conocidos, no una sentencia. Pero el patrón, dice, es demasiado nítido para ignorarlo.
— Andrés Balaguera · Min 09:05
IV · LAS ABEJAS
El símbolo que la izquierda regaló y la derecha recogió
El cierre temático del programa tiene un giro casi irónico. 29:05 La imagen de las abejas —organizarse, trabajar en colectivo, defender el enjambre— fue durante años un símbolo del progresismo: Petro la usó en la campaña de 2018 y la retomó en 2022. Pero después de ganar la presidencia la abandonó, «se durmieron en los laureles». Y ahora, ¿quién la está retomando, justo cuando «abeja» es tendencia? Álvaro Uribe.
Para el Cuadrante Alfa, la anécdota es una parábola sobre la orfandad simbólica de la izquierda. 30:10 «Los cultos del Pacto Histórico se dejaron quitar hasta las abejas», ironiza el panel. Un movimiento que abandona sus propios símbolos y narrativas termina viéndolos usados por el adversario. Uribe, con su «abejitas laboriosas», se apropió de un imaginario que la izquierda dejó botado —igual que dejó botada la agenda, la calle y las redes durante la campaña—.
— Mónica · Min 29:05
Línea editorial
La derecha ganó el poder, pero no sabe de quién es
Lo que esta semana quedó a la vista es que la coalición que llega al poder el 7 de agosto no es un bloque, sino un campo de batalla. Antes de posesionarse, De la Espriella y Uribe ya están enfrentados por algo tan concreto como quién empuña el martillo del Senado, y detrás de esa pelea de nombres —Deluque contra Henríquez— late una disputa mucho más grande: la de quién manda de verdad en el nuevo gobierno. El Cuadrante Alfa lo advirtió en mayo, en «La Derecha Sin Uribe», cuando casi nadie lo veía: el expresidente perdió el control de su propia criatura. La frase de las abejas no es una salida ingeniosa; es el rugido de un caudillo que descubre, tarde, que el tigre que ayudó a montar ya no le obedece.
Y aquí está lo que el votante debería pesar con calma. A quien eligieron trece millones de colombianos fue a una figura carismática, un abogado mediático que vendió mano dura y «orden». Pero si el análisis es correcto —y los nombramientos que se van conociendo lo sugieren—, quienes van a gobernar de verdad no aparecieron en el tarjetón: son los ideólogos de Salvación Nacional, los nostálgicos del Estado confesional de 1886, que encontraron en el carisma del tigre el empaque perfecto para un proyecto que, presentado con su cara real, difícilmente habría ganado. Un movimiento que no alcanzó el 50% de los votos se dispone a imponer, desde adentro, una agenda ultraconservadora que la mayoría del país no votó. Eso no es una teoría conspirativa: es leer quién queda en los cargos que de verdad mandan.
Acá no se hace porra de ningún lado, y por eso mismo hay que decir la otra mitad. Esta guerra interna de la derecha es también el espejo de la orfandad de la izquierda. Que Uribe pueda apropiarse de las abejas —un símbolo que fue del progresismo— retrata a un Pacto Histórico que abandonó sus banderas, sus narrativas y su conexión con la calle, primero en campaña y ahora en la oposición. Y que la definición de la presidencia del Senado pueda depender de un intercambio silencioso de favores entre Uribe y el petrismo —el traslado de un hermano por aquí, una garantía de no persecución por allá— muestra que, por debajo del ruido, la vieja política de siempre sigue funcionando igual, sin importar quién gane las elecciones.
La pregunta con la que cerramos no es partidista, es de fondo: cuando un país elige un rostro pero gobierna otro, ¿a quién le rinde cuentas el poder? El 20 de julio, con la elección de las mesas directivas, tendremos la primera pista de quién ganó este primer pulso. Pero la disputa real —tigre o abejas, carisma o ideología, empaque o contenido— apenas comienza, y va a marcar los próximos cuatro años. El Cuadrante Alfa lo seguirá contando completo, sin anteojeras, como siempre. Ojo con el lenguaje que usan. Ojo con cómo dicen las cosas. Ojo con todo eso.
Adendas del programa
Apuntes del análisis




