La Prueba de Estrés
En ingeniería, una prueba de estrés consiste en someter un sistema a la carga máxima que puede soportar para descubrir exactamente dónde se rompe. Es una prueba de resistencia: se empuja hasta el límite, a propósito, para ver qué aguanta. Esta audiocolumna propone leer el primer mes del gobierno de Abelardo de la Espriella con esa misma lógica, porque lo que está ocurriendo no parecen decisiones sueltas: parecen ensayos de carga sobre cada pieza del Estado colombiano. Y la pregunta que queda es hasta dónde aguanta el sistema.
Una prueba de estrés es un ensayo técnico: se toma un sistema y se lo somete a la mayor carga que pueda resistir, para saber en qué punto exacto falla. Es una prueba de resistencia, una prueba de potencia. No se hace por accidente: se hace a propósito, y el objetivo es encontrar el límite. Con esa imagen de ingeniería abre esta audiocolumna, y la propuesta es simple pero incómoda: lo que ha ocurrido en el primer mes del gobierno de Abelardo de la Espriella no es una sucesión de improvisaciones, sino una serie de ensayos de carga aplicados, uno tras otro, sobre las piezas que sostienen el Estado colombiano.
Prueba de estrés para la independencia de poderes. Para los jueces. Para el periodismo. Para la agricultura y la seguridad alimentaria. Para la protesta social. Para la meritocracia. Para el medio ambiente. En todos los niveles al mismo tiempo. La columna lo enmarca además en un viraje de fondo: el paso de un modelo con vocación social —el que, con todos sus defectos, plantearon gobiernos anteriores— a uno que privilegia la extracción y a los intermediarios, donde en lugar de alimentos se favorece la palma y los biocombustibles. Y una figura presidencial que, sostiene el autor, recuerda a Laureano Gómez.
La primera carga se aplicó adentro
La columna empieza por la prueba más doméstica: la del propio gobierno. 02:29 A Petro lo criticaron durante cuatro años por cambiar ministros; a este gobierno le bastó un mes para cambiar a una ministra y a un director de departamento administrativo. Y el caso del DANE es el más elocuente de todos, porque tiene una lógica que conviene entender bien.
Según el contexto noticioso, el lunes 14 de septiembre el presidente declaró insubsistente a Ricardo Valencia Ramírez, director del DANE, tras apenas tres semanas en el cargo. La razón, según el comunicado de la Casa de Nariño: que afirmó, sin auditorías profundas previas, que no había encontrado anomalía alguna en los indicadores de julio —las últimas cifras producidas bajo el gobierno anterior—. Se le sumó un segundo motivo: haber convocado una rueda de prensa sobre la inflación desconociendo una directiva presidencial que centraliza toda comunicación en la Presidencia; el espacio fue cancelado minutos antes de empezar.
¿Hasta cuándo se puede hablar del presidente?
La segunda carga se aplicó sobre el periodismo, y la columna enumera tres golpes en cuestión de semanas. 03:09 El contexto noticioso confirma los tres:
| Caso | Qué pasó | Explicación oficial |
|---|---|---|
| Emisoras de Paz | El 18 de agosto, RTVC suspendió la programación informativa y territorial de 20 emisoras nacidas del Acuerdo de Paz, reemplazándola por música centralizada desde Bogotá | «Revisión del sistema de medios públicos para evitar usos ideológicos» |
| Mañanas Blu 10:30 | El 31 de agosto terminó el programa de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo. No alcanzaron a despedirse al aire: se enteraron después de la emisión | Caracol Televisión adujo audiencia y anunciantes; Restrepo afirmó que hubo presión del gobierno |
| Vladdo | RCN canceló el contrato del caricaturista Vladimir Flórez, que tenía el espacio «Los Trazos del Poder» en Noticias RCN | El canal «se reserva las razones administrativas» |
El dato que le da peso al argumento de la columna es la reacción institucional: la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) le exigió públicamente al gobierno garantías reales para el ejercicio del periodismo tras el primer mes, señalando además un deterioro aún más marcado en las regiones. No es una queja de opositores: es el organismo que monitorea la libertad de prensa en Colombia.
Y hay un punto de honestidad que la columna no esquiva: Vladdo no es precisamente un aliado de la izquierda —ha sido duro con Petro durante años—. Bastó una crítica al nuevo presidente para que su espacio desapareciera. Eso es lo que hace que el caso importe: la carga no se aplicó sobre un bando, se aplicó sobre la crítica misma.
— Ivandetta · Min 03:45
Acatar a medias también es una forma de no acatar
La tercera carga, y quizá la más grave en términos constitucionales, se aplicó sobre la rama judicial. 03:52 Un juzgado de familia de Bogotá le ordenó al gobierno abstenerse de bombardear objetivos donde exista información verificable sobre la presencia de menores de edad —una orden que este espacio analizó en detalle hace dos semanas—. Y la pregunta de la columna es puramente empírica: vamos a ver cuánto tarda en volver a bombardear.
Pero el ejemplo más fino es otro. Ante una orden judicial por vulnerar la neutralidad religiosa del Estado, el gobierno acató… parcialmente, y cerró el acto con un «Viva Cristo Rey». Para el autor, eso no es cumplir una orden: es medir cuánto se puede desobedecer sin consecuencias. Y ese es exactamente el diseño de una prueba de estrés: aplicar carga, observar si el sistema responde, y si no responde, aplicar más.
Meritocracia, cultura, deporte y biodiversidad
La columna hace luego un recorrido por las cargas menos visibles, que son las que suelen pasar sin titulares.
La meritocracia suspendida
10:39 El autor señala que el gobierno suspendió los concursos de méritos mientras nombra por libre designación, y plantea la ironía que nadie quiere ver: se escandalizaron durante meses porque Juliana Guerrero llegó a un cargo siendo bachiller y presentando títulos falsos —algo que este espacio criticó sin matices y que terminó con ella aceptando responsabilidad ante la Fiscalía—, pero hoy entran bachilleres a cargos públicos «de frente y como si nada», sin que nadie diga una palabra. El reproche no es contra quien no tiene título: es contra la regla que se aplica según de qué lado venga el nombrado.
Cultura y deporte, las carteras de siempre
11:31 Aquí la columna acierta con una denuncia que se confirmó esta misma semana: según el contexto noticioso, el Ministerio de las Culturas suspendió los premios del Programa Nacional de Estímulos por primera vez en 27 años, alegando la situación financiera de la entidad —una deuda por pagos de PAC que a agosto de 2026 ascendía a unos 185.482 millones de pesos—. Artistas y gestores culturales, que ya habían ganado sus proyectos, salieron a exigir los desembolsos. El autor, que trabajó en esa cartera, sabe de qué está hablando: Estímulos es el mecanismo que sostiene buena parte de la creación independiente del país.
A eso suma la denuncia de una reducción severa del presupuesto del deporte, que la columna cifra en una caída de más del 40%. Es un dato que conviene verificar en el trámite del Presupuesto General, pero la tendencia —cultura y deporte como primeras carteras sacrificadas— es la de siempre, solo que esta vez más profunda.
Los páramos y lo que viene
04:40 La prueba de estrés ambiental todavía no se ha aplicado del todo, y esa es la advertencia: la pregunta es si este gobierno se atreverá a tocar los páramos. El autor cree que sí, y de ahí deriva la pregunta central de esa sección: ¿cuánto resistirán la biodiversidad colombiana y los movimientos ambientalistas frente a una maquinaria extractiva que ya anunció sus prioridades?
La protesta social
05:19 Y queda la carga que se aplicará sobre la calle. La columna anticipa el guion de siempre: la reaparición de encapuchados que vandalizan frente a las cámaras y que nunca son capturados, seguida de la represión con gases y tanquetas contra la marcha entera. Lo formula como pronóstico y como advertencia: el paro que viene será, también, un ensayo de resistencia —de la ciudadanía y de la tolerancia del Estado a que se le proteste—.
Por qué se puede empujar tanto: la pregunta de la lealtad
Toda la columna converge en una explicación, y es la parte más discutida y más discutible del texto. 06:02 Para el autor, quien aplica estas pruebas de estrés puede hacerlo porque no teme las consecuencias: Abelardo de la Espriella es ciudadano estadounidense, y el juramento de naturalización de ese país incluye renunciar expresamente a la lealtad hacia cualquier otro príncipe, potentado o Estado. La columna lo llama, con una imagen fuerte, un «tótem de inmunidad».
El argumento merece ser presentado con precisión, porque su parte verificable es significativa y su parte especulativa hay que nombrarla como tal. Lo verificable: la ciudadanía estadounidense y el contenido del juramento de naturalización, que cualquiera puede consultar. Lo especulativo: la hipótesis de que, ante cualquier problema judicial en Colombia, el presidente se marcharía a Estados Unidos y allá estaría protegido. Eso es un pronóstico del columnista, no un hecho; pero es un pronóstico que se apoya en una preocupación institucional legítima y de fondo: ¿debería el jefe de Estado de un país tener una sola nacionalidad?
La intromisión extranjera y el terremoto
La última prueba de estrés que señala la columna es la de la soberanía. 09:52 El reproche es al uso de una tragedia nacional —el terremoto que dejó cientos de muertos— como escenario de relaciones públicas para una presencia militar extranjera, y la pregunta de fondo que deja: ¿hasta dónde puede llegar la injerencia de otro Estado en Colombia?
Conviene precisar el alcance de esta crítica, como lo hace siempre este espacio: el cuestionamiento es a decisiones de política exterior del gobierno colombiano —a quién se le abre la puerta, con qué criterio y a cambio de qué— y al aprovechamiento de una emergencia humanitaria con fines de imagen. No es un cuestionamiento a ningún pueblo ni a ninguna religión. El asunto es de soberanía y de quién toma las decisiones sobre el territorio colombiano.
Un sistema no falla de golpe: falla donde ya nadie estaba mirando
La metáfora de esta audiocolumna funciona porque explica algo que el análisis político convencional no logra: por qué tantas decisiones distintas, en áreas que no tienen relación entre sí, apuntan todas en la misma dirección. Un juez que ordena y es acatado a medias. Una periodista que sale del aire sin poder despedirse. Veinte emisoras rurales que amanecen con música en lugar de información. Un caricaturista que criticaba a Petro y al que le bastó una crítica al nuevo gobierno para quedarse sin espacio. Un director del DANE —nombrado por este mismo gobierno— destituido por decir que las cifras que encontró estaban correctas. Vistas de a una, cada decisión tiene su explicación administrativa. Vistas juntas, dibujan un patrón: se está midiendo cuánta carga soporta cada pieza antes de ceder.
Y esa es la diferencia entre un gobierno torpe y un gobierno que está ensayando. Lo del DANE es el caso más limpio de todos, porque no admite lectura ideológica: el funcionario removido no era de izquierda, no venía del gobierno anterior y llevaba tres semanas en el cargo puesto por el Ejecutivo que lo sacó. Su falta fue validar unos números. Cuando la entidad que produce las estadísticas oficiales de un país aprende que decir la verdad cuesta el puesto, lo que se rompe no es una carrera personal: es la posibilidad de que el país discuta sobre datos comunes. Sin eso, no hay política pública, no hay control fiscal y no hay debate: hay solo relato.
Sobre la tesis central de la columna —la nacionalidad estadounidense como «tótem de inmunidad»— hay que ser cuidadosos y honestos a la vez. La parte especulativa es especulativa: nadie sabe qué hará este presidente al terminar su mandato, y afirmarlo como certeza debilita un argumento que no lo necesita. Pero la preocupación de fondo es seria y no es nueva en este espacio: quien jura lealtad exclusiva a otro Estado y luego gobierna el propio queda, como mínimo, en una posición incómoda cuando los intereses de ambos no coinciden. Y el primer mes ofrece bastante material para esa incomodidad: el reconocimiento de una anexión territorial ajena, la salida anunciada de la Corte Penal Internacional a pedido de Washington, la llegada de militares extranjeros sin el permiso del Senado que exige el artículo 173. No hace falta imaginar el futuro para preocuparse; basta con leer lo que ya ocurrió.
Queda la pregunta con la que el autor cierra y que este espacio hace suya, porque es la única que realmente importa: ¿hasta cuánto estamos dispuestos a aguantar? Una prueba de estrés no se detiene porque el ingeniero se compadezca del material; se detiene cuando el material responde o cuando se rompe. Los jueces respondieron, y eso hay que reconocerlo. La FLIP respondió. Los artistas de Estímulos salieron a exigir lo suyo. Pero la prensa grande está mirando hacia otro lado, el Congreso acompaña, la Alianza Verde escogió la equidistancia y la oposición sigue armando gabinetes de nombres. Mientras esas piezas no ofrezcan resistencia, los ensayos van a seguir, cada vez con más carga. Aquí no se hace porra de ningún lado, y por eso lo decimos completo: el país no se defiende solo con indignación en redes, se defiende con instituciones que digan «hasta aquí» y lo sostengan. Esa, y no otra, es la prueba que estamos dando todos.
Apuntes y contexto




