Latinoamérica vs. el Tecnofascismo
Lula ya no está peleando solo contra Flávio Bolsonaro. Está peleando contra una infraestructura: la plataforma que decide qué se ve, la industria de bots que fabrica la conversación y el púlpito que organiza el voto. Esta semana dejó de ser una sospecha y pasó a tener expediente judicial.
La pregunta con la que arranca esta audiocolumna es la que organiza todo lo demás: 0:19 ¿esto todavía es Lula contra Flávio Bolsonaro? Y la respuesta es que no. Un candidato se enfrenta a otro candidato. Lo que se está enfrentando en Brasil es otra cosa: una infraestructura que opera por encima de los dos y que ninguna autoridad electoral de la región sabe todavía cómo regular.
Lo notable es que, entre el momento en que se grabó esta columna y hoy, la tesis dejó de ser interpretación. Hay mensajes internos publicados, un reconocimiento de la empresa, una orden judicial con multa y una denuncia en camino a un organismo internacional.
El algoritmo tiene dueño
2:01 El señalamiento central de la columna es que a Lula le bloquearon la posibilidad de publicar y de crear anuncios en pleno tramo final de campaña, mientras la inteligencia artificial de Meta sí permitía a los usuarios generar piezas a favor de Bolsonaro y no a favor de Lula. Eso no quedó en denuncia de campaña: en los días siguientes se confirmó buena parte, con matices que conviene leer completos.
Vale detenerse en lo que esos hechos sí prueban y en lo que no. No prueban que exista una orden deliberada de perjudicar a Lula: ni los mensajes internos ni la orden judicial afirman tal cosa, y así lo consignan los propios medios que los publicaron. Lo que sí está establecido es que las fallas ocurrieron, que afectaron a una sola de las dos campañas en el tramo decisivo, y que un tribunal electoral consideró necesario ordenar bajo multa algo que debería ser obvio: trato igual a los dos candidatos.
El Cuadrante Alfa · Audiocolumna de Ivendetta
3:04 Y la columna aporta algo que ninguna investigación recoge y que, sin embargo, mucha gente reconocerá: la experiencia de denunciar publicaciones de odio contra la izquierda durante la campaña colombiana y recibir, una y otra vez, la misma respuesta automática de que no se encontró ninguna violación a las políticas de la plataforma. No es una prueba judicial. Es la evidencia cotidiana de que las reglas existen pero no se aplican igual para todos, y eso también es una decisión.
La máquina detrás de la máquina
2:38 La columna trae a la conversación un nombre que explica cómo se opera todo esto en la práctica: Fernando Cerimedo. Y es el eslabón que faltaba, porque permite ver que detrás del algoritmo hay una industria con facturación, clientes y campañas.
Sobre el vínculo con Meta, la columna recoge lo declarado por Nadia Beller —expareja de Cerimedo y víctima del atentado que originó su detención—, quien sostiene que él tenía muy buenas relaciones dentro de la empresa y capacidad para lograr que una página fuera eliminada o restablecida.
4:25 El tercer ingrediente del cóctel es el púlpito. En Brasil, las iglesias evangélicas llevan dos décadas siendo un factor organizado de voto, y direccionan el apoyo hacia la candidatura de Bolsonaro. Lula, por su parte, no ha renunciado a disputar ese terreno y ha incorporado el lenguaje religioso a su campaña en vez de cederlo entero.
Plataforma, bots y congregación no son tres fenómenos separados: son tres capas de la misma cadena. La plataforma define el campo de juego, la industria de bots llena ese campo de contenido fabricado, y la congregación convierte ese clima en voto organizado el domingo. Ninguna de las tres aparece en la ley electoral de ningún país de la región.
Los números que ya no convencen
10:02 Y aquí está la parte más desesperante de la columna, la que no tiene que ver con tecnología sino con algo más difícil de arreglar: ya no basta con gobernar bien. Los indicadores dejaron de ser argumento.
| Indicador | Lula (tercer mandato) | Jair Bolsonaro |
|---|---|---|
| Hambre | Brasil salió del Mapa del Hambre de la FAO: la subalimentación bajó a 2,4 % en el trienio 2022–2024, por debajo del umbral de 2,5 %. | 33,1 millones de brasileños en situación de hambre, según la encuesta de la Rede PENSSAN publicada en 2022. |
| Pobreza | Reducción sostenida; la columna cita 8,7 millones de personas salidas de la pobreza. | Retroceso en los indicadores de pobreza durante el mandato. |
| Inflación general | La más baja en vísperas de elección desde el Plan Real, según el registro histórico del IPCA. La columna la cifra en 19,73 % acumulada. | Más alta en el mismo periodo comparable. La columna la cifra en 26,94 % acumulada. |
| Inflación de alimentos | Menor. La columna la cifra en 12 %. | Mayor. La columna la cifra en 27 %. |
| Pandemia | — | Gestión del covid ampliamente cuestionada, con investigación parlamentaria de por medio. |
| Resultado electoral | 45,16 % en primera vuelta | Su hijo Flávio: 47,03 % |
El peso de la primera vuelta
6:10 La columna hace un ejercicio que vale oro para dimensionar lo que está en juego el 25 de octubre: comparar los márgenes con los que Lula ha ganado sus segundas vueltas.
Diferencia en puntos porcentuales frente al rival
+22,5
+21,7
+1,8
−1,87
En 2002 y 2006 Lula ganó por más de veinte puntos. En 2022 ganó por 1,8. En 2026 va abajo por 1,87 y afronta el balotaje desde el segundo lugar: en Brasil, quien gana la primera vuelta suele ganar la segunda, y esta vez esa estadística juega en su contra.
Dicho de otro modo: la tendencia no es que Lula pierda apoyo de golpe, sino que el margen se ha venido comprimiendo elección tras elección hasta desaparecer. Veinte puntos, veinte puntos, dos puntos, menos dos. Esa curva es, precisamente, el fenómeno que esta columna intenta explicar.
5:06 Hay además una comparación que toca de cerca a Colombia. Lula sí está haciendo campaña: confronta de frente, con argumentos, todo lo que hace su rival. Mientras acá, dice la columna, el candidato se durmió pensando que el nivel intelectual bastaba. Y no basta, porque el votante promedio decide por emoción antes que por argumento, y eso fue exactamente lo que trabajó la campaña ganadora en Colombia.
Presidentes de papel
0:27 La tesis regional de la columna es dura y conviene enunciarla con precisión, porque el riesgo de caricaturizarla es alto: no se trata de que los presidentes latinoamericanos sean marionetas, sino de que la autonomía real para decidir sobre los recursos del propio país se ha reducido tanto que el cargo pesa menos que la presión externa que lo rodea.
Los ejemplos que enumera son de política exterior y de recursos naturales: tierras raras y minerales críticos comprometidos en varios países de la región, concesiones firmadas con rapidez, y gobiernos que ajustan su agenda judicial y económica a lo que conviene en Washington. En Colombia y Ecuador la columna añade un elemento singular: dos presidentes en ejercicio con nacionalidad estadounidense, lo que plantea una pregunta legítima sobre a qué jurisdicción responden el día que dejen el cargo.
Ecuador: el caso que la columna usa como espejo
10:55 Ecuador aparece como el ejemplo más claro de que los indicadores ya no mandan: un gobierno con apagones, inseguridad y malos resultados fue reelegido en 2025 frente a Luisa González, la candidata del correísmo, en una elección marcada por estados de excepción decretados en vísperas del balotaje y por una denuncia de fraude de la perdedora.
Dos luces al final del túnel
19:34 La columna no cierra en la resignación. Plantea dos escenarios que podrían cambiar la inercia: que Lula resista y gane el balotaje del 25 de octubre, y que los demócratas recuperen el Congreso estadounidense en las elecciones de medio término. Sobre lo segundo el columnista es explícito y no se hace ilusiones: los demócratas no son ninguna paloma de la caridad, pero la diferencia entre una derecha convencional y una ultraderecha que persigue derechos es una diferencia que se nota en la vida de la gente.
La discusión de los datos
18:02 El tramo final deja una pregunta grande sobre la mesa: dónde viven nuestros datos y quién los administra. La columna señala la paradoja de que Estados Unidos acuse a otros de hacer lo que su propio historial de espionaje tiene documentado, y de que les prohíba a otros países lo que él mismo practica.
20:14 Y queda un argumento que la columna pone por encima de la disputa partidista: el Amazonas. Lo que se decide el 25 de octubre tiene consecuencias sobre el pulmón del continente que no van a distinguir entre quién votó qué. En Colombia la pieza señala el mismo riesgo con el levantamiento de restricciones ambientales y el impulso al fracking en zonas sensibles como Santurbán.
Ivendetta · Audiocolumna
20:48 El cierre es el más interesante, porque desarma la discusión de bandos desde adentro. Quienes trollean en redes defendiendo este modelo no son dueños del capital: son trabajadores. Gente que vive de su salario y que, si deja de trabajar, se vuelve inviable en un mes. Ahí está la contradicción que nadie resuelve. La columna la ilustra con un caso concreto: pequeños comerciantes cuya clientela son los estratos 1, 2 y 3, votando por un proyecto que propone reducir el poder adquisitivo de esos mismos clientes. Menos capacidad de compra en la base no es una abstracción ideológica: es menos gente entrando a su tienda.
Lo que se rompió no fue el algoritmo: fue el arbitraje
Esta semana dejó de ser necesario creerle a nadie. Hay mensajes internos publicados por Folha de S.Paulo en los que empleados de Meta admiten que la cuenta de Lula tuvo fallas —hasta de búsqueda, no aparecía al escribir su nombre— mientras el perfil de su rival figuraba en las recomendaciones. Hay un reconocimiento público de la empresa sobre dos episodios y sobre una falla en los filtros de su inteligencia artificial. Hay una orden del Tribunal Superior Electoral obligándola a tratar igual a los dos candidatos, con multa de 500.000 reales por día. Y hay una denuncia en camino a la OEA. Eso ya no es una teoría sobre el algoritmo: es un expediente.
Conviene no exagerar, porque exagerar es la forma más rápida de perder el argumento. Nada de lo publicado demuestra una instrucción deliberada de perjudicar a Lula, y los propios medios que revelaron los mensajes lo advierten. Pero esa aclaración, que es justa, no resuelve el problema de fondo: una plataforma cuyos errores caen siempre del mismo lado produce exactamente el mismo efecto que una que decide, y no responde ante nadie por ello. Cuando un canal de televisión le quita señal a un candidato en campaña, hay un regulador el lunes. Cuando una plataforma lo hace, hubo que esperar a que un magistrado la obligara bajo multa a hacer lo mínimo.
El verdadero hallazgo de esta audiocolumna no es la denuncia contra una empresa, sino la descripción de una cadena completa. Arriba la plataforma, que fija qué se ve. En el medio una industria regional de operación digital con nombres propios, facturación y clientes en media docena de países, que llena ese espacio de contenido fabricado. Abajo el púlpito, que convierte el clima en voto organizado. Las tres capas funcionan juntas y ninguna aparece en la ley electoral de ningún país de la región. No hay tope de gasto para una granja de bots, no hay registro para un consultor digital extranjero, no hay obligación de explicar por qué una cuenta dejó de pautar durante veinticuatro horas.
Y queda la parte más incómoda, que no tiene culpable externo. Lula sacó gente del hambre y Brasil salió del Mapa del Hambre de la FAO; su rival dejó 33 millones de brasileños en esa condición. Y la diferencia en primera vuelta fue de 1,87 puntos en contra. Eso significa que los indicadores dejaron de bastar, y quien pierda el tiempo lamentándolo va a seguir perdiendo. Si la emoción organiza el voto y la infraestructura organiza la emoción, entonces la tarea pendiente no es publicar mejores cifras: es disputar ese terreno con reglas propias —regulación electoral que alcance a las plataformas, datos bajo jurisdicción nacional— y con campañas que peleen. Lula está peleando. El 25 de octubre sabremos si alcanza.
Cinco datos de esta audiocolumna




