¿Qué pasó con los techos solares?
Colombia multiplicó varias veces su capacidad solar en cuatro años y hoy tiene más de doscientas granjas operando. Pero el programa que iba a poner paneles sobre los techos de los estratos 1, 2 y 3 —con 4,2 billones de pesos ya comprometidos— está detenido, justo cuando la ministra actual anuncia que las tarifas tienen que subir. El exministro de Minas y Energía vino a explicar qué quedó hecho, qué quedó a medias y qué se está perdiendo.
Hay una pregunta que uno escucha en el Tolima, en el Atlántico y en media Colombia, y que resume el problema de toda la transición energética: si hay paneles solares por todas partes, ¿por qué sigo pagando lo mismo en el recibo de la luz? Esa pregunta se le hizo de frente al exministro de Minas y Energía, y su respuesta —que es técnica, verificable y bastante incómoda para el momento político— es el eje de este programa especial.
Durante cuarenta minutos, con Mónica O. en la conducción, Andrés Camacho hizo un balance de sus diecinueve meses en la cartera: lo que se cumplió, lo que se quedó a mitad de camino y lo que, según él, se está desmontando ahora. Este artículo organiza ese balance tema por tema, con los datos contrastados donde fue posible y con los contrapesos donde el relato tiene otra versión.
El salto solar
1:47 La primera pregunta fue la más directa: ¿cuáles eran las metas concretas y medibles que le pusieron al llegar?
«Nos habíamos trazado una meta en el Plan de Desarrollo de llegar a dos gigavatios de energía renovable, energía limpia, en la matriz energética. Y puedo decir hoy orgullosamente que duplicamos y casi triplicamos esa meta. Hoy llegamos casi a cinco gigavatios. Eso implica que multiplicamos casi por diecisiete la capacidad que existía en la matriz energética colombiana.»
Andrés Camacho · minuto 2:55
Él mismo dio la ruta para verificarlo, lo cual ya dice algo: la página de la UPME, la Unidad de Planeación Minero Energética, que llamó «el cerebro del sistema energético colombiano». Fuimos a mirar.
5:13 ¿De dónde sale esa capacidad? Más de doscientas granjas solares operando en el país, concentradas sobre todo en el Caribe por el potencial de radiación. El parque más grande que mencionó es Guayepo, en el Atlántico: unos quinientos mil paneles instalados.
6:17 Y una explicación básica que mucha gente no tiene y que vale repetir: Colombia genera su electricidad mayoritariamente con agua, desde las hidroeléctricas, complementada con generación térmica —que es la que quema combustible: carbón, gas o diésel—. Lo nuevo es que a ese esquema hidrotérmico se le sumó una tercera pata, la solar. Eso no es un detalle técnico: como se verá más adelante, es lo que está sosteniendo el sistema en plena sequía.
«Veo los paneles y sigo pagando lo mismo»
6:53 Este fue el mejor momento del programa, y vino de una foto. Una fotografía tomada desde un avión aterrizando en Ibagué, con las granjas de paneles extendidas abajo. Las mismas que se ven llegando a Honda y por la vía de Cambao, bordeando el río Magdalena.
«Esto tiene que ver con el diseño del sistema en general. Nosotros tenemos un sistema interconectado nacional y la energía no se entrega regionalmente: se entrega a través de un sistema nacional. Todos estos grandes proyectos entregan la energía al sistema nacional, y el sistema nacional se distribuye.»
«Yo estoy de acuerdo con la gente: necesitaríamos que los proyectos que se construyen en Honda, en Ibagué, pudieran ayudar a esas propias regiones. Hasta el momento, cuando es centralizado, es difícil.»
Andrés Camacho · minuto 7:42
Esa respuesta es honesta y es la clave de todo el asunto: el problema no es de generación, es de diseño. Una granja solar en el Tolima no abarata la factura del tolimense, porque sus kilovatios entran a una bolsa nacional. El vecino ve el panel desde la carretera y no ve nada en el recibo. Y mientras ese circuito no se cierre, cada nueva granja va a producir el mismo desencanto.
Andrés Camacho · Exministro de Minas y Energía
8:17 La salida que planteó tiene nombre técnico: generación distribuida. Es decir, que no todo sea grandes extensiones de paneles conectadas al sistema central, sino que una casa, una tienda, un hospital o una alcaldía puedan generar su propia energía. De ahí salieron dos programas: territorios energéticos, con municipios generando lo que consumen, y la política de comunidades energéticas. Mencionó proyectos concretos en el Tolima, incluido un hospital en Chaparral.
En comunidades energéticas la meta del Plan de Desarrollo eran 60.000 usuarios y, según él, la última cifra superó los 120.000. Es la cifra más alta que dio en todo el programa y, si se confirma, la más relevante: ahí sí el beneficio llega a la factura de quien lo genera.
¿Qué pasó con los techos solares?
10:20 Mónica fue directo al grano: ¿cuál fue el nivel de avance real del proyecto de techos solares? Y aquí la respuesta tiene una parte que es un logro regulatorio importante y otra que es un conflicto abierto con el gobierno actual.
La idea: convertir el subsidio en energía
El programa se llamó Colombia Solar, y su mecanismo es más ingenioso de lo que suena. Hoy los hogares de estratos bajos reciben un subsidio económico sobre la tarifa de energía: el Estado paga una parte del recibo, mes tras mes, para siempre. La idea era usar esos mismos recursos para otra cosa: entregar el subsidio como energía, instalando paneles en el techo de la casa, para que el hogar deje de necesitar el subsidio.
10:52 Para hacerlo había que tocar la ley: tomar la ley de energías renovables y desarrollar toda la reglamentación que lo permitiera. Eso tomó casi todo el gobierno. La fase de implementación empezó al final.
11:36 La figura que el exministro subrayó es vigencias futuras: que los recursos quedaran comprometidos por contrato para poder ejecutarse en los años siguientes, más allá del cambio de gobierno. Eso es, en la práctica, un candado presupuestal. Y según él quedaron contratos, convenios y los 4,2 billones amarrados.
12:22 Sobre lo ya instalado afirmó que arrancaron con dos pilotos y que hay más de diez mil usuarios funcionando con techos solares de este tipo. El proyecto más grande, dijo, está en el Valle del Cauca —en Siloé y en el distrito de Aguablanca—, con beneficiarios que están recibiendo facturas en cero por efecto de la autogeneración.
La discusión de la tarifa
14:07 El argumento económico del exministro es que detener el programa no solo pierde tiempo: encarece la luz. Si un hogar autogenera, su factura baja; si el proceso se frena, esa baja no ocurre nunca. Y lo contrastó con el anuncio de la ministra actual sobre el alza de tarifas, señalando que este mecanismo se había diseñado para lo contrario.
Un punto que sí es indiscutible y que vale subrayar, porque es el activo natural del país: 13:03 por su posición sobre la línea ecuatorial, Colombia tiene cerca de doce horas de luz solar todo el año. No hay estaciones que acorten los días en invierno. Es una ventaja que países con mucha más capacidad instalada simplemente no tienen.
El fantasma del apagón y el cuento del fracking
15:21 «Cada rato la prensa anuncia un apagón. ¿Qué tan real es esa amenaza?» La respuesta fue la parte más valiosa de toda la entrevista, y empieza con una confesión.
«Me atrevería a decir que a todos los ministros, cuando pasamos por esa cartera, nos persigue el fantasma del apagón, porque tenemos que recordar siempre lo que fue el apagón del 91 y 92, el gran apagón de Colombia. Desde ese momento no hemos tenido ninguna situación de ese tipo.»
«Existen razones para preocuparse, pero no tienen que ver necesariamente con una crisis energética. La realidad es que enfrentamos una crisis climática. Cuando yo estaba en el Ministerio tuvimos las mayores temperaturas de la historia desde que hay registros. Y eso lleva a que el sistema se estrese: si generamos mayoritariamente con agua y hay altas temperaturas y sequía, disminuyen los niveles de los embalses. Tuvimos hasta racionamiento de agua potable en Bogotá.»
Andrés Camacho · minutos 16:10 a 16:51
Y de ahí salió la frase que mejor resume el momento que vive el país, dicha sin dramatismo:
Andrés Camacho · Exministro de Minas y Energía
17:38 Pero hay una paradoja que juega a favor, y es el hallazgo más interesante del programa: si hay sequía, hay sol. Cuando bajan los embalses, sube la radiación. Y eso es precisamente lo que está compensando el déficit hídrico. En palabras del exministro, la mayor diferencia entre la sequía de este año y la de 2024 es que ahora hay mucha más generación solar. Es decir: las granjas que el vecino ve desde la carretera sin sentir el beneficio en su recibo son, paradójicamente, lo que está evitando que se le vaya la luz.
«Colombia no necesita fracking»
31:52 Sobre el fracking ofreció un argumento que no es el ambiental de siempre, y por eso vale más: el argumento del cronograma.
«Yo he dicho: Colombia no necesita fracking. La idea que le han vendido a la gente es que con el fracking vamos a resolver el gas inmediato. No hay ningún proyecto de hidrocarburos que tarde menos de seis años; un proyecto de exploración y explotación va entre seis y diez años. Si llegáramos a desarrollar fracking en Colombia, nos tardaríamos entre seis y ocho años. Y entre seis y ocho años ya tenemos que estar operando el gas costa afuera, que sí nos daría abastecimiento más o menos hasta 2040 o 2050.»
«Entonces la pregunta es: ¿por qué le voy a invertir recursos a unos proyectos de fracking que son costosos ambientalmente, socialmente y económicamente, mientras tengo la posibilidad de desarrollar unos proyectos costa afuera, donde ya hay tres grandes yacimientos encontrados en el mar?»
Andrés Camacho · minutos 32:36 a 33:04
Ese es el punto fuerte: incluso aceptando toda la lógica de quien defiende los hidrocarburos, el fracking no llega a tiempo para resolver el problema que dice resolver. Cuando entrara en producción, el gas del mar ya estaría operando. Sobre lo ambiental fue más breve y más gráfico: desarrollarlo es «echarle combustible al incendio».
31:17 Y nombró lo que, en su lectura, está realmente detrás de la discusión: no la negación del cambio climático, que en Colombia casi nadie sostiene en público, sino una estrategia distinta y más eficaz, que es retardar la transición.
Petróleo, gas y el cuatro por ciento
25:59 Mónica le hizo la pregunta más incómoda del programa, y bien planteada: en agosto de 2023, recién posesionado, usted dijo que se mantendría la exploración petrolera y que «la transición es con la industria». En octubre de 2024 cerró la puerta a nuevos contratos. ¿Qué pasó en el medio?
«Hay que distinguir dos cosas. Que se hayan cerrado contratos no quiere decir que se haya acabado la exploración. Y les tengo unas cifras que a muchos les van a sorprender: tuvimos más hallazgos durante los últimos cuatro años que durante los últimos dieciséis. Fueron unos veinte hallazgos de gas. No se paró la exploración de hidrocarburos en Colombia.»
«Lo que hicimos fue cerrar la frontera extractiva, porque tenemos más de trescientos contratos de exploración vigentes y cerca de veinte millones de hectáreas en exploración. ¿Y saben cuántas hectáreas hay en agricultura desarrollada en el país? Entre cuatro y cinco millones.»
Andrés Camacho · minutos 26:46 a 26:59
Ese contraste —veinte millones de hectáreas para explorar hidrocarburos contra cuatro o cinco millones sembradas— es el dato más revelador del bloque, y conecta directo con la discusión del arroz y de las áreas de protección agrícola que hemos tratado en programas anteriores. No es que falte tierra: es que está asignada a otra cosa.
El gas importado y la especulación
34:25 Aquí vino el dato que más debería discutirse y que nadie está discutiendo. Colombia importa gas desde 2016 a través de una regasificadora, y ese gas se ha destinado casi en su totalidad a las termoeléctricas. La pregunta es cuánto se necesita realmente.
«Nosotros más o menos consumimos unos mil giga BTU diarios de gas. Y lo que estamos necesitando más o menos son sesenta. Deberíamos estar apenas en un cuatro por ciento de importación. En términos del déficit real, las necesidades que debemos cubrir son del cuatro o cinco por ciento.»
«Pero hay unos temas de mercado. Si tú tienes un gas importado más costoso, puedes artificialmente subir el precio del gas nacional. Entonces aquí hay unos problemas de especulación con los precios del gas, y por eso algunos tienen el interés de involucrar más gas importado del que realmente se necesita.»
Andrés Camacho · minutos 35:25 a 36:16
Esa es una acusación grande y conviene enunciarla con precisión: el exministro no señala a ninguna empresa, y él mismo dijo «no lo voy a generalizar». Lo que describe es un incentivo de mercado: cuando el precio de referencia lo fija el insumo más caro, importar más de lo necesario puede resultar rentable para quien vende el barato. No afirma que esté ocurriendo de manera probada ni hay investigación conocida al respecto. Pero el mecanismo que describe es verificable en abstracto, y si el déficit real es del 4 % y se está importando más, la diferencia la paga el usuario en la factura. Eso es exactamente lo que debería estar auditando un regulador.
La minería, las tierras raras y la puerta abierta
19:02 Sobre minería, la pregunta fue si la palabra «informal» ya condena de entrada a la pequeña minería. Su respuesta fue que no está de acuerdo con esa denominación, y el argumento tiene historia.
El Código de Minas —la Ley 685 de 2001— trazó por ley una línea divisoria que dejó del lado equivocado actividades que son ancestrales. Y lo ilustró con un dato que vale más que cualquier estadística: hay minas en Colombia de las cuales se sacó el oro que financió las campañas libertadoras de Simón Bolívar. Esa minería lleva siglos y de un plumazo quedó catalogada como si fuera otra cosa.
21:04 El punto central es institucional, no sentimental: si el Estado no acompaña a la minería de subsistencia, esa minería no desaparece: pasa a la ilegalidad. Y dio un ejemplo contundente. Antes, quien compraba el oro a cualquier minero era el Banco de la República. Al desaparecer esa cadena de comercialización, el pequeño minero se quedó sin a quién venderle legalmente. El resultado era predecible.
Sobre la maquinaria amarilla y los bombardeos a esos equipos, pidió diferenciar escalas: no es lo mismo una retroexcavadora que un dragón, esas máquinas de gran envergadura que remueven volúmenes enormes y afectan las riberas de los ríos. Y su conclusión fue que la persecución debería ir a los circuitos comerciales —de dónde salen los recursos, quién consigue esas máquinas— antes que al minero que está en el hueco.
22:44 En formalización dio una cifra: alrededor de treinta mil mineros formalizados por distintos mecanismos, a través de la Agencia Nacional de Minería, con énfasis en la asociatividad para que puedan acceder a crédito y tecnificarse. Y fue él mismo quien puso el límite: «eso es aún marginal frente a todo el reto». Un objetivo técnico concreto que dejó planteado: sacar el mercurio del tratamiento del oro, obligación que Colombia tiene por tratados firmados.
Lo que el Servicio Geológico ya sabe
37:25 El cierre fue sobre tierras raras y minerales estratégicos, un tema que hemos venido siguiendo aquí desde el programa sobre el Tolima. La pregunta fue si el gobierno anterior tenía inventario de lo que Colombia posee.
La respuesta es que sí. El Servicio Geológico Colombiano recibió el encargo de un plan geocientífico y alcanzó a identificar potenciales de cobre, tierras raras y arenas silíceas. El propósito declarado era desarrollar mecanismos de protección para no entregar esos recursos antes de tener una política estable sobre cómo aprovecharlos. Y esos mecanismos tenían nombre: distritos mineros para diversificación productiva, áreas de protección para la producción de alimentos y zonas de protección ambiental, figuras que se traslapan sobre el mapa para decidir qué pesa más en cada territorio: el agua, la comida o el mineral.
Sobre el anuncio del vicepresidente de ir a Estados Unidos a ofrecer los minerales, la valoración del exministro fue de dos palabras: «feriar nuestros recursos». Y la caracterización de fondo, de una sola:
Andrés Camacho · Exministro de Minas y Energía
39:46 Y aquí está la confesión que cierra el balance. El instrumento que habría dado estabilidad a todo esto era una nueva ley minera para la transición energética. Se construyó, se radicó en el Congreso y no avanzó: «no tuvimos mayorías para lograrlo». Es decir, el ordenamiento que él reclama hoy quedó sin piso legal, y lo que sostenía esas protecciones eran resoluciones y figuras administrativas. Exactamente las que un gobierno siguiente puede derogar con otra resolución. Y es lo que está pasando.
«Expertos fósiles»: la batalla que el gobierno perdió
28:28 Este bloque nació de una crítica que este programa ha hecho muchas veces y que se le planteó de frente: la gran falencia del gobierno Petro fue comunicacional. Hoy mucha gente cree que el progreso del país es sacar más petróleo y que Colombia es un país esencialmente petrolero. ¿Cómo se intentó combatir esa narrativa?
Lo primero que hizo fue aceptarla: «siempre nos dicen que falta comunicar muchas más cosas», y reconoció que «por más esfuerzos que desarrollamos, faltaron muchas cosas». Pero añadió un dato que explica parte del problema y que es el hallazgo más citable de la entrevista.
Andrés Camacho, citando una investigación mencionada en el programa
30:34 Recordó también el ambiente que encontró al llegar: una discusión pública muy álgida tras la ofensiva contra su antecesora, la exministra Irene Vélez, que él describió como un hostigamiento. Y asumió que parte de su trabajo fue bajar el tono y explicar lo básico: que nadie va a «cerrar la llave» del petróleo y el gas de un día para otro, porque por eso se llama transición.
Su término para el adversario es «expertos fósiles», y su tesis es que hay intereses fósiles en los medios, en el Congreso y en los gremios. Es una afirmación fuerte y es, por supuesto, su posición de parte. Pero vale notar algo sobre el método: a lo largo de toda la entrevista, él remitió a fuentes consultables —la UPME, el Servicio Geológico, el archivo de la Presidencia— y aceptó los límites de su gestión cuando se le señalaron. Eso es más de lo que suele traer un exfuncionario a un balance de su propia obra.
Lo que se construyó con resolución, se desmonta con resolución
De esta conversación se sale con una certeza y con una pregunta. La certeza es que el salto solar ocurrió y es verificable: Colombia pasó de unos 200 megavatios entre solar y eólica en 2022 a más de 4.500 megavatios de capacidad fotovoltaica registrada hoy ante la UPME, con más de doscientas granjas operando y con la energía solar superando por primera vez al carbón en generación anual. Hay que decirlo con la precisión que el exministro omitió —una cuarta parte de esa capacidad sigue en pruebas, y la meta de gobierno de 6 gigavatios se quedó corta por 1,35—, pero el orden de magnitud no está en discusión. En un país donde cada gobierno promete y casi nada se mide, esa cifra se puede ir a mirar a una página pública. Él mismo dio la dirección.
La pregunta es la del título, y sigue sin respuesta pública. Hay 4,2 billones de pesos comprometidos por convenio hasta 2030 para poner paneles sobre 563.057 techos de estratos 1, 2 y 3. El exministro dice que hay más de diez mil usuarios funcionando; la ministra actual dice que hay cero conectados. Puede que estén midiendo cosas distintas —el convenio con Gecelca es posterior a los pilotos—, pero el Ministerio no ha publicado un estado de ejecución, y sin ese dato ninguna de las dos versiones se puede sostener. Son 4,2 billones de pesos de dinero público. Cuántos hogares tienen hoy un techo solar financiado con su propio subsidio no debería ser materia de debate entre dos funcionarios: debería ser una cifra en una página web.
Pero el hallazgo que más incomoda de esta entrevista es otro, y es casi una lección de derecho administrativo. La idea de Colombia Solar es buena de verdad: en vez de subsidiar el recibo de la luz para siempre, usar ese mismo dinero una sola vez para que el hogar deje de necesitar el subsidio. Para montarla hubo que reglamentar durante casi todo el gobierno y blindarla con vigencias futuras. Y aun así quedó en el aire. Lo mismo pasó con el ordenamiento minero-ambiental: los distritos mineros, las áreas de protección de alimentos y las zonas protegidas se hicieron por resolución, porque la ley minera que les habría dado piso se radicó en el Congreso y no tuvo mayorías. Lo que se construye con resolución se desmonta con resolución, y eso es exactamente lo que está ocurriendo: 80.000 hectáreas levantadas en La Guajira, 15.839 en la Sabana Centro, los distritos mineros eliminados y el vicepresidente ofreciendo minerales en Washington.
Ahí está la autocrítica que el exministro no hizo del todo, aunque la dejó dicha sin darse cuenta: la transición energética no se perdió en el Ministerio de Minas, se perdió en el Congreso y se perdió en la conversación pública. Un gobierno que multiplicó la capacidad solar por más de veinte y no logró que el ciudadano del Tolima entendiera que esos paneles son lo que hoy le está evitando el apagón, tiene un problema que no es técnico. Y mientras eso no se resuelva, cada gobierno va a seguir reescribiendo el mapa con resoluciones y el vecino va a seguir viendo paneles desde la carretera, preguntándose por qué paga lo mismo.
Cinco datos de este programa




